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Una parte muy importante del proceso de recuperación de un adicto es el que implica a la familia. Son muchos los esfuerzos de los profesionales para realizar ese trabajo de conciliación y reconstrucción familiar, y por suerte, muchas veces obtienen muy buenos resultados.

Hoy os dejamos con un testimonio de una madre que nos emociona. Gracias Mar. Por haber creído en tu hija y por hacer el camino de su recuperación tan fácil:

“Durante años he vivido con estas preguntas persiguiéndome de día y de noche. -¿Qué he hecho mal?, ¿Cómo ha podido suceder esto?

Conviví muchos años, con el miedo, con el sentimiento de culpa, culpa por lo que hice o había dejado de hacer, con la rabia, con la ira, con la impotencia al ver como la vida de mi hija se iba desmoronando, viendo que cada paso que daba para ayudarla no hacía más que empeorar las cosas hasta llegar incluso a perder la esperanza.

No podía compartir mi problema con nadie, temía ser juzgada y comencé a vivir un infierno, se trastocó mi vida y la de la familia por completo. Vivía en un mundo lleno de mentiras que creía y hasta justificaba para evitar daños mayores. Pasé por infinidad de situaciones muy duras que me llevaron incluso a pensar  en desaparecer, que el dolor que sentía cesase. El miedo y la angustia me acompañaban siempre, la lucha por encontrar solución y por no terminar de perder lo que aún me quedaba, estaba anulándome por completo.

En repetidas ocasiones  me pidió ayuda, lo intentamos por varios medios pero no dio resultado, me equivoqué. Es muy difícil asimilar que tienes un hijo adicto y que una adicción no es un problema de conducta, es una enfermedad que les transforma en personas que no reconocemos, pero afortunadamente se puede tratar como cualquier otra enfermedad crónica.

Hace 20 meses que mi hija inició su tratamiento. Me parecía imposible ver los cambios que se iban produciendo en ella. Poco a poco la he visto emocionarse, recuperar la ilusión, hoy tiene un proyecto de vida que persigue y estoy segura de que conseguirá llevarlo a término con éxito. Es una persona responsable, ha recuperado la alegría, se valora a sí misma y a los que la rodean. Puedo decir que he recuperado esa hija que perdí, y para ser honesta he de agradecerle la lección de vida que me ha dado. Merece la pena intentarlo.”

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