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El pasado 9 de noviembre de 2017 el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, lanzó una nueva campaña de prevención del consumo de alcohol, en el marco del Plan Nacional sobre Drogas. La campaña lleva por título: Menores sin alcohol, y está protagonizada por el siguiente vídeo:

Como veis, el anuncio ofrece dos datos que, combinados, producen un efecto muy potente.

Por un lado, informa de los daños fisiológicos más comunes provocados por el consumo de alcohol, e incide especialmente en el que se produce en el cerebro. Por otro lado, ofrece los resultados de la última encuesta ESTUDES realizada, a los menores del estado en los centros de enseñanza secundaria, de los que se desprende que el 62’8% de estos menores han consumido alcohol en el último mes.

La interpelación final del vídeo hacia los padres, pretende desmontar la idea de muchos de estos padres que, ingenuamente, creen que sus hijos no beben cuando salen., y apela de este modo a una mayor implicación y control por parte de las familias hacia el consumo de alcohol de sus hijos menores de edad.

En este sentido, creemos que tal vez quien peque de cierta ingenuidad sea el Ministerio o, más concretamente, los creadores de la campaña, ya que la experiencia nos demuestra que el consumo de alcohol en menores no suele ser algo que pase inadvertido a la mayoría de padres.

Si bien puede que en algunos casos haya padres que desconozcan el consumo de sus hijos, la verdad es que son mucho más comunes los casos de padres que, conociendo este consumo, minimizan sus riesgos, apelan a la responsabilidad de sus hijos, y tratan de normalizarlo.

El propio consumo de alcohol en los padres, la falacia del “consumo responsable”, o la idealización del consumo de alcohol como “parte de nuestra cultura”, son factores que no ayudan en nada a que los menores de edad tengan conciencia del riesgo y las consecuencias adversas de beber, ni a la participación de las familias como factor de protección ante esta problemática social.

El alcohol es una droga, aunque sea legal. Es una droga tanto o más nociva como la cocaína o el cannabis. Así pues, tal vez fuera más efectiva y necesaria una campaña dirigida a reducir la flexibilidad o la permisividad de los padres, que no a su ingenuidad.

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